XVIII
Hay canasta. Y su autor recula a defender. O a cumplir una
tarea más próxima. Pero en un primer instante todo lo hará aprisa, urgente,
ciego. Se trata de un automatismo común a todo jugador de origen menos técnico
que psíquico. Ser el fulgurante centro de atención obra en la mente como la
llama en la mano, como un reflejo condicionado que atrae y repele a un tiempo el protagonismo.
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