XVIII
Hay canasta. Y su autor baja a defender. O a cumplir una tarea más próxima. Pero todo lo hará inmediatamente aprisa, urgente, ciego. Se trata de un automatismo común a todo jugador de origen menos técnico que psíquico. Ser el fulgurante centro de atención obra en el cuerpo como la llama en la mano. Quema y sale despavorida. Se trata de un reflejo condicionado incluso en quienes más gustan de protagonismo. A excepción de Dennis Rodman, que como reflejo, no lo fue más que de sí mismo.

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