24.2.14

CLXVIII

La red es el cabello del aro. 

4.2.13

CLXVII

Confundir mecánica y técnica es como hacerlo con el vaso y el agua.

16.11.12

CLXVI

La clase es una virtud siempre que no venga sola.

25.9.12

CLXV


En la mesa de negociaciones el asiento de la fidelidad está siempre vacío.

18.9.12

CLXIV

Tantas huellas en el suelo pudo dejar Shaq corriendo como Komazec marcando los pasos.

6.3.12

CLXIII

Si tropieza el que camina más perderá el balón quien lo anima.

22.7.11

CLXII

Jugar rejuvenece.

26.5.11

CLXI

Un parcial demoledor se debe menos al acierto de unos que al desconcierto de otros.

16.5.11

CLX

Entre los entrenadores no hubo coleccionistas de títulos que no fueran coleccionistas de lujos.

2.5.11

CLIX

El tiro es lo único que el miedo no puede camuflar.

21.10.10

CLVIII

A veces corres
a veces piensas
si bien dispones
a todo llegas.

Separó
la naturaleza
el corazón
y la cabeza.

20.10.10

CLVII

Cuestiona al entrenador que cuestiona su plantilla.

19.10.10

CLVI

En la vasta familia del deporte la canasta es el único miembro que no se emparenta con nadie.

18.10.10

CLV

Celebra tu bien si ganas y padece tu mal si pierdes. Lo demás no es tuyo.

4.10.10

CLIV

I am
The pick and the roll
The three and the post
The dunk and the block


I am
The pass and the shot
The press and the foul
The bench and the court

I am
The fast and the slow
The jump and the fall
The air and the floor

I am
The rookie and the old
The big and the small
The free and the coach
The team and the void

I am
The brain and the blood

The net and the board
The rim and the clock
The perfect score

I am the ball
Don’t leave me alone

1.10.10

CLIII

La derrota de ayer siempre será preferible a la de mañana.

24.3.10

CLII

De entre los muchos tronos de Jordan ninguno más inaccesible que el de la soledad.

8.3.10

CLI

Para que en el baloncesto la furia resulte valiosa mejor tener el aro de espaldas.

CL

Más sufre el talento que el trabajo si carga con las dos cosas. 

24.7.09

CXLIX

Entre los recién derrotados ninguna diferencia mayor como el que lamenta no poder desaparecer cuanto antes y el que lamenta no poder dar allí mismo la vida a cambio de un nuevo salto inicial.

1.7.09

CXLVIII

En el momento de sospechar menos de los rivales que de los compañeros se estará cometiendo suicidio.

CXLVII

El baloncesto puede contarse de mil maneras. Pero quien solo informa está mudo.

17.6.09

CXLVI

El tiempo es demasiado valioso para emplearlo allá donde nunca se vaya a llegar.

16.6.09

CXLV

Rara vez el público acuerda algo unánime, a excepción de condenar a los jugadores malditos. Con ellos el público reemplaza de pronto su papel de espectador por el de juez y padre.

13.3.09

CXLIV

Peor que el juego sin entrenamiento el entrenamiento sin juego.

19.2.09

CXLIII

Al cementerio que apila nombres y números y todo lo que verdaderamente importa ha desaparecido lo llaman palmarés.

16.2.09

CXLII

Solo el incapaz de espectáculo insiste en despreciarlo.

3.2.09

CXLI

Cuanto más encima un entrenador de sus jugadores, más se aleja de ellos.

31.1.09

CXL

Tan solo a los más grandes cabe el honor de contar entre sus peores adversarios a jugadores contra los que nunca se enfrentaron.



29.11.08

CXXXIX

Nada más deseable que la juventud, pero nada más valioso que la experiencia.

CXXXVIII

Entrenar no es ser entrenado. Lo primero es aprender y lo segundo ser ordenado.

CXXXVII

Entre quienes cuentan el baloncesto es fácil descubrir a un impostor. El juego será lo último de que hable, si es que lo hace.

20.11.08

CXXXVI

La inteligencia brilla con el balón pero se descubre más a menudo sin él.

11.11.08

CXXXV

Ver baloncesto no significa entenderlo. Pero será siempre mil veces preferible lo primero.

4.11.08

CXXXIV

Cuando lo que está bajo los ojos empieza a cuestionar lo que está sobre ellos, es que asoma la retirada.

27.10.08

CXXXIII

La sonrisa del número uno del draft debería apagarse al bajar del estrado.

7.10.08

CXXXII

Bautizaron como falta técnica a la menos técnica de las faltas.

23.9.08

CXXXI

En el suelo,
el arte del juego.


En el aire,
su poética.


CXXX

De todas las enemistades posibles, la abierta entre técnico y jugador es la única que el baloncesto no puede resolver.

23.7.08

CXXIX

El talento invade aquello no hecho.

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CXXVIII

El balón es al jugador sus manos. Al equipo, un abrazo de todas ellas.

9.5.08

CXXVII

El suelo, de los anónimos.
El cielo, de las estrellas.
Pero sin anónimos,
ni suelo
ni cielo
ni estrellas.

15.4.08

CXXVI

El miedo es el primer síntoma de la derrota.

14.4.08

CXXV

Cada vez que haya rebote mejor pensar que lo que corre riesgo de caer al suelo o en manos de otro es tu propia hija.

31.3.08

CXXIV

Cuida el balón pero cuídate de su influjo. Cuando sea tuyo serás el centro de atención. Cuando no lo sea mira bien de quién lo eres y qué puedes hacer sin él. El balón es el dinero del juego.

28.3.08

CXXIII

La alegría es la emoción más valiosa. Y la más efímera. Nunca dura lo suficiente como para verse harto. No se juega para alcanzarla, sino para repetirla.

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27.3.08

CXXII

Todo jugador es único pero algunos lo fueron de verdad.

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22.3.08

CXXI

Evaluar a los jugadores como simple producto de técnica y física es como hacerlo con los hombres con ropa y sin ella.

CXX

Un líder es un tipo al que seguir sin darse cuenta.

CXIX

El verdadero valor de un jugador no lo establece la victoria, sino la memoria.

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CXVIII

Ataque y defensa precisan por igual la ambición de atacar.

CXVII

Cuando todo haya terminado
quédate unos segundos allí.
Porque muchas veces desearás
volver a estar donde ahora estás,
sentir lo que ahora sientes
y ser lo que ahora eres.

Quédate unos segundos allí,
mira a tu alrededor
y déjate ser el momento.

Porque ese momento ya no volverá
y la felicidad dura un instante.

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CXVI

Un equipo es un estado que rara vez se alcanza.

21.3.08

CXV

Dios creó a hombre y mujer.
El baloncesto, a Magic y Bird.

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CXIV

Balón y aro son al juego genitales. De unos pocos depende su pasión pero de todos su goce.

20.3.08

CXIII

La suerte en el baloncesto tan sólo cabe en la memoria del derrotado.

18.3.08

CXII

Pertenece nuestro juego a las diversiones que suspenden el sentido del humor.

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14.3.08

CXI

Hay dos tipos de tiradores. Los convencidos de que entre ellos y el aro hay demasiadas cosas y los que además juegan.

9.3.08

CX

El balón agrava la soledad de quien lo porta. Por eso los más generosos son los menos solitarios.

8.3.08

CIX

Peor que las lesiones, temerlas.

7.3.08

CVIII

Aquella mañana de invierno de 1891 James Naismith alumbró en el gimnasio un nuevo juego. Años después estrechaba la mano de quien había sido su pupilo en el equipo de Kansas. Se llamaba Phog Allen y le relevaba en el cargo. Allen prosiguió su carrera hasta que uno de sus muchachos, Adolph Rupp, asumió la dirección del equipo de Kentucky. De los muchos jugadores a su mando, uno de ellos, Pat Riley, continúa ejerciendo a día de hoy, adonde hemos llegado a través de tan sólo cuatro nombres.

Qué joven es nuestro juego.

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5.3.08

CVII

“No me veo como Abdul-Jabbar jugando hasta los 40”
(Michael Jordan, 1990)

El tiempo pasa demasiado deprisa como para creer que lo hará demasiado despacio.

CVI

Del equipo titular es responsable el entrenador. Del fondo del banquillo, el jugador.

22.11.07

CV

El niño imita a sus mayores y el jugador a sus mejores. Por eso la vida fracasa y el Baloncesto prospera.

CIV

El mejor jugador que el destino depare nunca lo será mal acompañado.

14.11.07

CIII

Las estadísticas son muy generosas. Reparten lecciones a unos y munición para todos.

8.11.07

CII

El peor riesgo del analista es acabar convencido de que las canastas son lo último que celebrar y sus autores lo primero que condenar.

1.11.07

CI

Nada explica mejor el éxito de un jugador que la suma de quienes desean su fracaso.

23.10.07

C

Una lejana noche del 62 un gigante hizo de sus rivales muñecos y del juego un juguete.

XCIX

Cuando el Baloncesto se vuelve previsible el juego deja de serlo.

22.10.07

XCVIII

En una de las miles de veces que los Globetrotters cumplían su intención de divertir a la gente que acudía a ver sus partidos, aquella vez sobre tierra y en una pequeña cancha al aire libre, la sonora risa de un muchacho durante toda la velada llamó la atención del equipo de Harlem. Las carcajadas del chico, de pie bajo una de las vetustas canastas junto a un anciano que parecía susurrarle, no se detenían ni siquiera cuando el juego estaba detenido. Al término y movido por una enorme curiosidad Meadowlark Lemon se acercó al joven y le preguntó: “Dime, ¿qué te causa tanta gracia?”. A lo que el chico respondió: “Soy ciego y no puedo veros, pero mi abuelo me va contando todo lo que hacéis y es maravilloso”. Conmovido Lemon corrió a contarlo a sus compañeros antes de que todos ellos firmaran el balón y le hicieran entrega del mismo al muchacho.

20.10.07

XCVII

El tapón es un mate defensivo.

XCVI

Para establecer el valor de un jugador importa menos el disgusto del equipo rival que el gusto del propio.

XCV

Más conviene pasar el balón al que lo espera que al que lo persigue.

18.10.07

XCIV

No se mide al ganador por la victoria, sino por las ganas de ganar.

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XCIII

Tirar es la más preciosa apuesta del juego. Pero quien no hace otra cosa lo tira todo por la borda.

XCII

Entierra al baloncesto de ayer el baloncesto de hoy, que a su vez será enterrado por el de mañana. Para que todo este absurdo resulte menos terrible lo mejor es no olvidar que quien entierra el pasado entierra el presente, que será pasado mañana, aunque ahora no lo sepa.

28.7.07

XCI

Para el entrenador de élite no hay cielo por encima del marcador.

13.3.07

XC

Para que un gran jugador cumpla su deseo de mejorar a los compañeros tan sólo precisa una cosa: compañeros capaces de mejorar.

LXXXIX

Si para cortejar al acierto sólo vale la rutina, no hay excusa para quien malgasta tiros libres.

27.1.07

LXXXVIII

Que la venganza se sirve en plato frío y no hace honor a quien la toma carece de valor en el Baloncesto, allá donde por la feliz posibilidad de reiterarse, la venganza de aquellos talentos que inicialmente se vieron despreciados se sirve en plato caliente para honor de quien la toma y regocijo de todos.

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19.1.07

LXXXVII

Anida en lo más hondo de cada jugador el lejano recuerdo de un momento decisivo, traumático, que vino a descubrir que entre él y el baloncesto habría de alojarse en adelante un cuerpo extraño al que llamaban entrenador.

LXXXVI

Len Bias no murió al momento que la historia indica. Horas antes de desplomarse sus pasos, gestos y palabras tenían ya lugar desde el cielo.

LXXXV

En el Baloncesto, como en la vida, la memoria ajena descarta mil aciertos por cada error cometido.

15.1.07

LXXXIV

A Julius Erving
En el inagotable cortejo a la canasta para obtener sus favores reside el sentido erótico del Baloncesto. Y sin embargo muy pocos alcanzan a interpretar un verdadero Baloncesto erótico, que tiene en la bandeja a su primera y más sencilla expresión. La bandeja es un delicado beso a la boca del aro que rara vez no es correspondido.

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10.1.07

LXXXIII

Elaborar el Baloncesto por necesidad es un arte que hace interesante a este juego. Sólo que algunos llaman Baloncesto elaborado al que, sencillamente, se juega sin aros por una desgraciada mezcla de entrenadores que se sienten demasiado capaces y jugadores realmente incapaces.

16.12.06

LXXXII

La versatilidad es un bien deseable salvo cuando sirve de pretexto para no destacar en nada.

LXXXI

Con el balón en los pies Maradona fue un genio. Como hombre, la dolorosa prueba de una indigencia muy grande. Esta disparidad, resultado de una vida entregada a la actividad deportiva, se extiende a la inmensa mayoría de deportistas a los que algún imbécil cede el micro o la pluma al más alto precio como si deporte y comunicación fueran la misma cosa, el mismo talento. Y la práctica de un deporte es a la comunicación lo que el guiso a la astronomía.

14.12.06

LXXX

Los jugadores más grandes cargaron en silencio la cruz de disculpar su tamaño.

LXXIX

Si en mitad de un examen no está permitido salir al baño, el cantante no puede interrumpir su pieza ni el actor abandonar la escena, al baloncesto le sobran los tiempos muertos.

11.12.06

LXXVIII

El baloncesto como deporte de equipo es un bonito principio que conviene vulnerar cuando a un jugador le está entrando todo.

LXXVII

La táctica es la civilización del juego. Pero escapar a ella no es de salvajes, sino de jugadores.

LXXVI

Corre siempre que puedas salvo que tu carrera no vaya a ningún sitio.

7.10.06

LXXV

Las faltas por error humanizan el juego. Por necesidad, lo envilecen.

23.7.06

LXXIV

El paso del tiempo encarece los recursos del cuerpo. Así el joven salta por instinto, el maduro por necesidad y el veterano por alegría.

22.7.06

LXXIII

La técnica es el lenguaje del talento.

LXXII

El sacrificio en solitario hace del jugador un erudito. En equipo, un sabio.

LXXI

Que de entre las muchas opciones disponibles Jordan eligiera a Collins doce años después de largarlo explica, primeramente, el irrefrenable deseo de expiar un profundo sentimiento de culpa.

16.7.06

LXX

Remontad la materia hasta su principio y obtendréis un átomo. Hacedlo con el baloncesto y obtendréis un tiro, el más primordial acto que cometer ante la seductora soledad del aro.

LXIX

Cuando a muchos deportistas socorre un “no tengo palabras”, efectivamente no las tienen, a pesar de la emoción.

10.7.06

LXVIII

En el tiro la indecisión corteja al fallo como la cama al sueño.

7.7.06

LXVII

En 1900 la anatomía de un jugador de Baloncesto era la anatomía de un hombre cualquiera. En 1950 la diferencia entre un jugador NBA respecto al hombre medio universal aún podía resultar difícilmente apreciable. En 2000 esa diferencia aumentó lo suficiente como para que muy pocos jugadores pasaran ya desapercibidos entre la población. En 2050 la diferencia será tal que hará posible observar la fauna NBA como una subespecie de genética muy superior al común de la vida humana. Más allá en el tiempo el planeta mismo habrá quedado pequeño para ellos.

Y todavía se cree que la altura de los aros será eterna.

1.7.06

LXVI

De entre los peores vicios que despierta la necesidad de ganar pocos igualan a la simulación de las faltas.

LXV

Involucra a todo espectador algún tipo de ánimo situado entre la apatía y la alerta. Pero en todo caso correrá el riesgo de alejarse en exceso del jugador. Y tendríamos que estar ahí abajo para comprobar lo difícil que resulta que las cosas, simplemente, salgan bien. O aun peor, al gusto nuestro.

30.6.06

LXIV

Cuando toque banquillo, que únicamente repose el cuerpo.

28.6.06

LXIII

El jugador empieza donde la indiferencia acaba. Hasta entonces tan sólo asoma un disfraz.

LXII

Tanto dolor infligió Shaquille O'Neal a marcadores y aros como sufrió de marcajes y tiros libres.

LXI

Que el control de la primera finta pertenezca al autor y el de la segunda al marcaje y entre una y otra no medie más que un pestañeo, es una preciosa demostración del asombroso misterio que en nuestro juego encierra la mímica.

LX

Recelo de la numerología como superstición. Pero descubrir un buen día que Jordan abandonó su extraño dorsal 45 en la velada número 23 me sigue despertando una fascinante sospecha.

20.6.06

LIX

Sonroja ver cómo Antoine Walker, en muchas de sus penetraciones a ciegas hacia una pintura repleta, abusa de arrojar el balón arriba a la búsqueda de la mano salvadora de Shaq. De ese vulgar modo cede la responsabilidad a otro en el peor momento y suplanta el favor del pase por una evasiva con que salir airoso del berenjenal en el que nadie más que él se ha metido.

Una de las muchas razones por las que siempre favorece contar con un compañero atlético es que hasta el mal pasador deja de parecerlo cuando propone un alley oop, la manera más cómoda y sencilla de disfrazar el pase grueso de una como precisa asistencia.

19.6.06

LVIII

En el baloncesto del talento se vive y del oficio se sobrevive, salvo cuando la estatura acude en ayuda del inepto y disimula las vergüenzas del vago.


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LVII

El equipo perfecto apenas botaría el balón.

LVI

Cada vez que un jugador acude al tiro libre el Baloncesto se convierte, de repente, en un juego de mesa. Pero ojo, sólo para el apostante.

8.4.06

LV

El mejor base no es el que dirige, sino el que propone.

LIV

Todo jugador sale motivado de un acierto, pero debería hacerlo menos que de un fallo.

7.4.06

LIII

El mate es el tiro más corto que existe.

LII

Defender es molestar. Toda defensa no es si no un infinito repertorio de molestias y una sola agresión, que no es al hombre sino al balón. He aquí el arte de la defensa y su contrario, la falta de arte y la sobra de falta.

17.12.05

LI

Por la voluntad de ganar escribió el baloncesto sus más épicos episodios. Por la de crear, los más hermosos.

L

Si algo hay que temer de la evolución es que alcance un punto donde la intervención de la fuerza separe definitivamente a la calidad de la victoria.

XLIX

Quien corre y hace correr, piensa y juega a la vez. Quien no lo hace nunca, solamente piensa. O eso parece.

XLVIII

No todo compromiso vence, pero nada vence sin él.

XLVII

Hay dos tipos de jugadores: los chiquillos y los hombres. Pero no por lo que está usted pensando. Sino porque unos se divierten y los otros no.

1.12.05

XLVI

Encierra el baloncesto un triángulo isósceles cuyos lados mayores representan a jugador y espectador. Adivinen quién detesta ocupar el lado pequeño.

XLV

Es interesante apreciar el peso de un jugador en su equipo por la cantidad de balones que recibe. Pero más aún por el número de ellos que no espera.

XLIV

Una canasta vale el doble que un tiro libre, cuyo valor es la tercera parte de un triple. Y en los tres casos hablamos de la misma acción: el balón atraviesa el aro. Esto invita a pensar que todo lo que precede a la canasta tiene que ser demasiado valioso como para que un engaño tan enorme proporcione a este deporte tanta atracción.

XLIII

Pasar mucho no significa pasar bien. Quien pasa bien genera juego. Quien solamente lo hace mucho lo ignora como un incapaz, un cobarde o ambas cosas. Es la diferencia entre quien lo entiende y quien, sencillamente, se desentiende.

29.11.05

XLII

Puede que Petrovic, Sabonis y Kukoc rindieran en la NBA por encima de lo que los americanos esperaban pero por debajo de lo que los europeos deseaban. La diferencia estriba en que mientras unos creen que dieron allí lo que en verdad eran, los otros jamás dejarán de preguntarse por qué Petrovic murió pronto, Sabonis llegó tarde y Kukoc nunca fue lo más importante de su equipo. He aquí el triple acecho de una legítima e irresoluble insatisfacción.

9.10.05

XLI

En el banquillo reposa la única necesidad que no agudiza el ingenio.

XL

El buen entrenador no es el que gana, sino el que deja que lo hagan sus jugadores.

XXXIX

Si sólo quieres rebotear, que tiren otros.

6.10.05

XXXVIII

Un novato es sobre todo un afortunado. Joven y movido por lo más enérgico de la vida, será enseguida rico, y famoso, y atractivo. Ha conseguido llegar, todo se le perdona y sabe que lo mejor está aún por venir. Pero le falta lo esencial. No es un jugador. Es un niño que ya habla, pero no razona. Y al igual que un niño no es un hombre, tampoco el novato un jugador. Así el baloncesto universitario me pareció siempre, a lo más, una bonita guardería donde se aprende a jugar, pero donde aún no se juega. Porque no hay jugadores. Sino aprendices.

27.9.05

XXXVII

El chaval despertó la primera atención tras endosar 30 puntos a los Kings, allá por enero. Pero su gran noche llegaría el último día de mayo. Aquellos 6 triples a Minnesota fueron decisivos para conducirles a las Finales por cuarta vez en cinco años.
-¿Sabes, Kareem? Estoy considerando muy seriamente la posibilidad de hacerte titular el año que viene y probar a Kobe como alero.
El chico no durmió aquella noche. Había soñado con algo así desde que abandonara Missouri. Pero llegaron las series más negras en la historia amarilla. Hablar de fracaso sería generoso. El ridículo fue absoluto. Phil se largó. Como Shaq y el grueso del equipo. Kareem Rush aguardó en un rincón a que pasara la tempestad. Y empezó a llegar gente. Extraños. Odom, Grant, Butler, Atkins... y Tomjanovich como nuevo jefe. Los extraños se olvidaron del chico. En diciembre lo largaron como largan a los figurantes en Hollywood, de mala manera. Lo enviaron a una obra y lo cambiaron por dos cromos sin rostro. Dos segundas rondas rezaba la nota.
El sueño del chico quedó rotó. Ya no sería titular en el mejor equipo del mundo.
Todavía se pregunta qué fue lo que hizo mal.

18.9.05

XXXVI

Que un jugador concentre todos los aclarados y que su equipo abuse de ellos es la prueba más explícita de que, o bien sobra el jugador o bien sobra el equipo. Pero quien seguramente sobre sea el técnico.

XXXV

Una canasta es la cosa más ninfómana que hay. Vive sólo para ser penetrada. Prívala del balón y tendrá el mismo sentido que la vagina de una monja.

16.8.05

XXXIV

Por lo sincero de sus dos términos, pocas expresiones tan acertadas como “rueda de prensa”: una gira y la otra aprieta. Y así no hay quien se mueva. Deberían ambas olvidar para siempre ese desastroso punto de encuentro que traiciona lo esencial de cada una. El deportista hace el deporte, la prensa lo escribe y el lector lo lee. Pero si el deporte no sabe hablar y la prensa lo recoge, al lector no llegarán más que bobadas.
Cuánto agradecería el deporte no salir de lo suyo. Y aún más la prensa si en lugar de molestar, de deporte hablara. Así habría deportistas y no analfabetos. Periodistas y no recaderos. Y por supuesto lectores.

13.8.05

XXXIII

No habrá salido el balón de tus manos cuando ya debieras imaginarlo dentro. Siempre que tires que sea por segunda vez, como la prueba material del acierto imaginado.

9.8.05

XXXII

Hay en el mundo dos tipos de espectador: el que ve Baloncesto y el que tan sólo ve un equipo. El primero tiende a disfrutar; el segundo, a sufrir. Uno gana siempre; el otro rara vez. Aquél no excluye a nadie. Éste corre el peligro de hacerlo. Y si fuera el excluido su equipo, el Baloncesto perdería un tuerto. Pero ganaría un espectador.
En caso contrario, aún el Baloncesto saldría ganando... un asiento precioso.

XXXI

Una falta es una falta y muy pocas son personales.

XXX

Intimida a la intimidación no ceder a ella.

20.5.05

XXIX

Si el hábito vacía, la rutina aburre y el tiempo agota, nada más admirable que el entusiasmo del veterano.

XXVIII

A veces me pregunto qué sería del Baloncesto sin los entrenadores. Y al rato, no sin sentirme algo culpable, nada negativo resuelvo. Se me antoja al contrario tan fascinante el desenlace como un mundo donde el hombre no tuviera que comer.
Liberar al juego del gobierno de un solo individuo no es, como se apresura a creer, adentrarlo en las cavernas del caos, sino que, preservando el reglamento y los jueces, el Baloncesto sin entrenadores habría sido exclusiva cosa de jugadores, libre selección natural. Y aquellos que despuntaran en la dirección de los destinos, quienes organizaran los turnos y ausencias, los depositarios en definitiva del mando y liderazgo en el grupo, serían simplemente los más aptos para ello. Quiero creer que todo abuso sería corregido por las decisiones del común y no, como hasta ahora, por las de un solo tipo que ni siquiera juega. Sé que todo esto resulta una herejía. ¿Y acaso no lo es pensar que sin ellos el juego sería imposible o cosa de disminuidos?
Que nadie tergiverse el mensaje. No es mi intención liquidar a quienes admiro más que lamento. Pero me seduce imaginar qué inescrutables rumbos habría tomado el Baloncesto si, huyendo de la prisión táctica del capitán, fuera navegando a la deriva del vasto océano donde los jugadores pujar, sobrevivir al naufragio por obra de lo espontáneo y lo humano, en igual silvestre sentido que a todos nos cautivó alguna vez en la calle.
Pienso que esa tolerable anarquía habría dado, sobre la misma topografía de competición que conocemos, experiencias más gratas de que lo cupiéramos imaginar. Porque, si los mejores equipos que la Historia dio lo fueron bajo el influjo de una diversa represión –obra de los técnicos–, qué grado de excelencia no cabría concebir para aquellos campeones que lo fueran en completa libertad.

19.5.05

XXVII

En la película del juego la estadística no es el título sino los créditos. Y mal hará el que al leerlos crea haberla visto.

15.4.05

XXVI

Donde no llegue tu velocidad, que lo haga el balón. Es el jugador más rápido. Pásalo.

11.4.05

XXV

Anoche tuve una pesadilla. Soñé con una mano. Con una mano cortada. Reposaba muerta en el suelo. Y allí vació enseguida su sangre, desnudando con crudeza a la vista parte del hueso y flecos informes de carne. La mano pertenecía al más desdichado jugador. Un valiente que se atrevió a interponerla entre el aro y uno de esos salvajes mates que no pueden, que no deben ser detenidos. No lo vi. Ni quisiera. Pero es de suponer que luego del fugaz forcejeo en el cielo, el matador ganó la partida y el aro actuó de navaja de tan trágica manera que mano y balón se confundieron en la entrada. Los gritos y el pánico ajenos mediaron casi al instante, cuando la víctima fue advertida por otros de la gravísima pérdida. Ni se había apercibido y acudía inocente a recoger el balón. Entonces sí, presa menos del dolor que del espanto, el jugador cayó desmayado. Y yo desperté. La nítida visión de aquel absurdo medio brazo pudo conmigo.
Sé que en adelante no dejaré de preguntarme dos cosas: cuánto vale un tapón en esas condiciones y qué condiciones alcanza el organismo para que el fragor del juego pueda indultar el dolor extremo. Nada de esto es soñado ni infrecuente. Es real en cada partido.
Qué cerca creemos ver a los jugadores y qué remotos nos son en realidad. Hay algo en ellos que a diferencia de nosotros los hace estar ahí. Algo que no es propiamente humano, como la mano muerta que nunca desearía ver.

XXIV

Observad la inmediata reacción de los jugadores más jóvenes luego de anotar una canasta. Está el que agacha la cabeza tan rápido como acude a defender. Hay, en cambio, quien no tratará de ocultarse y hará gala de una visible actividad llena de sobras más que de utilidades. Aquel padece el rubor propio de haber regalado algo. Este por el contrario se siente el regalo mismo. Predomina el primer caso en Europa y el segundo en Estados Unidos. Y aunque pudiera parecer pequeña, es tanta la diferencia como la que separa a la virgen de la puta.

10.4.05

XXIII

No puedo ceder a este capítulo contenido distinto. Y es que se da el caso de que en la numerología deportiva universal el 23 ya tiene nombre. Y es sumamente improbable que alguien lo arrebate.

9.4.05

XXII

Faltaban tres minutos para el descanso cuando de repente el colosal cuerpo del marcador electrónico de cuatro caras y cinco toneladas de peso, cayó desde el techo del pabellón al mismísimo centro de la pista a una velocidad que nadie habría podido concebir más endiablada. Al estruendo del impacto y la violenta sacudida del recinto sucedió el súbito silencio de todos los presentes, congelados en un instante eterno de pánico. El gigantesco mecanismo había incrustado la mitad del fuselaje en el parqué, cuyo contorno se abría levantado en azarosas láminas que amenazaban como enormes cristales rotos. Los jugadores habían corrido despavoridos a uno de los fondos. Al verlos allí apiñados predominaba en el observador la extraña impresión de ser los únicos miembros de la multitud que vestían de corto. Quizá fuera ésta la razón que animaba estúpidamente a contarlos.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... nueve... nueve... Tan sólo nueve. No había modo de encontrar al décimo.

8.4.05

XXI

La victoria es plural. La derrota, unánime.

XX

No conozco mejor terapia contra una gran derrota que avivar el recuerdo del jugador de tres modos: lo que acaso pudo ganar, lo que aún podrá ganar o lo mucho que está ganando.
Este último caso sería además el único donde hablar de dinero en el deporte no resultaría estúpido.

7.4.05

XIX

Cuando ese atlético jovencito sienta alcanzar el cielo a cada nuevo mate y nada desee más que seguir haciendo la misma cosa, estará cometiendo una terrible ingenuidad. Creer que el mate reúna a la vez todo aquello que el mate no sea.

3.4.05

XVIII

Hay canasta. Y su autor baja a defender. O a cumplir una tarea más próxima. Pero todo lo hará inmediatamente aprisa, urgente, ciego. Se trata de un automatismo común a todo jugador de origen menos técnico que psíquico. Ser el fulgurante centro de atención obra en el cuerpo como la llama en la mano. Quema y sale despavorida. Se trata de un reflejo condicionado incluso en quienes más gustan de protagonismo. A excepción de Dennis Rodman, que como reflejo, no lo fue más que de sí mismo.

XVII

Miente la indiferencia entre negros y blancos.

XVI

Sin dificultad no hay espectáculo.

2.4.05

XV

Peor que mostrarse incapaz demostrarlo a costa de otros.

XIV

El baloncesto perdura porque no hay jugador que no anhele repetir el condensado placer de anotar.

XIII

Uno de los principios más perfectos del baloncesto es que nunca un acierto valga por otros dos.

30.3.05

XII

Por esta cosa tonta de ganar y como que la vida vaya en ello, qué a menudo se olvida el baloncesto como juego, como diversión y desenfreno, como altruismo y como arte, como alegría y primavera de la vida, como la felicidad al sencillo alcance de la mano.
Deberíamos haber conseguido el modo de hacer a Magic Johnson verdaderamente inmortal.

29.3.05

XI

Lo que hace único al baloncesto no son los puntos sino la forma en que se producen. Lo primero acerca este juego a todos los demás. Lo segundo abre con ellos mil mundos.
Por eso la forma hace que me olvide con demasiada frecuencia del marcador. Es como si tuviera que recordar que está ahí y que por lo visto tiene más importancia que el juego, aunque yo no la vea.

24.3.05

X

No se ha dado aún la circunstancia de que un campeonato de la NBA se decida en un último tiro al compás de la bocina luego de agotar los siete partidos completos. No me cuesta imaginar esa escena. Pero no puedo hacerlo sin convencerme de que no podrá salir de las manos el balón sin que con él viaje hasta el último soplo de vida del jugador.

Por eso una bala que en ese preciso instante buscara dar muerte al autor de ese tiro nunca debería dirigirse al cuerpo. Debería hacerlo al balón.

IX

Hacer lo que uno sabe no es hacer lo que uno quiere. Pero si quieres hacer lo que sabes y sabes hacer lo que quieres, serás tu mejor jugador posible.

21.3.05

VIII

Por qué no reparar unos segundos en los salvajes arrebatos que alguna vez suceden al mate en pleno fragor del juego. En la insondable naturaleza de esas terribles reacciones. ¡Observad a esas bestias!

Durante la imperceptible fugacidad de un instante, que a menudo coincide con el besar los pies el suelo, acontece en el cuerpo un fenómeno de prodigiosa intensidad y cabría dudar si distinto a lo sobrenatural. Todo sucede muy rápido: los nervios se encienden, los músculos se tensan, el corazón dispara la sangre a saciar la brutal hinchazón de las venas, la temperatura aumenta y la piel enrojece, se agota la reserva de adrenalina, la amígdala secuestra el cerebro, la mente desaparece y con ella el tiempo; se diluye el alma y el Sapiens deja de serlo.

El organismo estalla dentro de sí a tal extremo que una barra de acero que lo golpeara se partiría como un madero seco. La energía desatada en ese lapso infinitesimal habría de poder iluminar una urbe gigantesca como un fogonazo irreal y no es otra la razón de que la boca brame desencajada que rebasar esa fuerza infinita el ridículo continente del cuerpo. Sugerir que el hombre deviene entonces en alimaña es decir muy poco. Durante ese cósmico pulso el hombre trasciende la existencia real. De ahí su brevísima duración, la única posibilidad de un estado que no pertenece a esta vida.

Debería maravillar saber que el baloncesto media ese milagro, el milagro de alcanzar el hombre por un instante como un nirvana de fuego.

15.3.05

VII

Sospecha del que resucite al despido de un entrenador.

14.3.05

VI

Mejor que los jugadores conozcan la pizarra porque ninguna pizarra conocerá jamás a ninguno de ellos.

V

No exagero si confieso que pasé buena parte de mi niñez, juventud y postrimerías, encerrado en una pequeña sala con la sola compañía de una pantalla que me hacía escapar de la vida y el silencio de una mujer que me la había dado. Esta mujer era la madre de mi madre, la única que conocí, y ya muy mayor, achacosa y casi inmóvil en aquel sillón del que dolorosa parte formaba, compartió conmigo innumerables veladas de esta enfermedad que por algún extraño motivo algún día contraje. Dudo que aquella mujer entendiera una sola imagen, qué sentido guardaban, cómo era posible que unas personas volaran y otras, como ella, agotaran su vida postradas. Y sin embargo, tan seguro estoy como que escribo esto que ninguna anciana presenció nunca más baloncesto que ella. Si yo repetía mil veces una sola imagen ella también lo hacía. Pobre mujer. En cuántos de aquellos hondos suspiros no reparé jamás y, ahora lo sé, el inmenso significado que encerraban. Cuántas veces, al girar yo la cabeza, delaté su mirada serena clavada en mí mientras yo sólo prestaba atención a la absurda pantalla. Debo, quiero entender que su felicidad residía entonces en mi sola y espectral compañía.

A veces, en mitad de la noche, padezco un reproche infinito por haber desperdiciado así su admirable presencia, la más dulce y tierna que disfrutaré jamás.

Nunca te olvidaré, abuela mía. Y si pudiera remontar mi vida, habría cambiado todo por dedicarte cada segundo de aquellos días que ya, maldita sea, ya nunca volverán.

13.3.05

IV

Si no sabes defender, no lo demuestres.

III

Se aprende entrenando. Pero sólo se sabe jugando.

8.3.05

II

La canasta del futuro, si acaso su forma y dimensiones conservara intactas, carece de soporte tal y como hoy lo conocemos. Nada puede ver el ojo entre el suelo y el tablero porque nada material los une. Alguna prodigiosa fuerza consigue que allá en el aire se encuentre suspendida como por arte de magia.
La canasta, esa flor mecánica cuyo cuerpo parece eterno, perderá algún día su tallo.

7.3.05

I

Si en medio de la oscuridad y el silencio te vieras de pronto asaltado por el crepitante gemido de una red al paso del balón y no sintieras estremecer algo muy adentro, será que el baloncesto no es el centro de tu vida. Corre pues a disfrutar de ella.

Discover James Ehnes, Orchestre symphonique de Québec, Yoav Talmi!