LXVII
En 1900 la anatomía de un jugador de Baloncesto era la anatomía de un hombre cualquiera. En 1950 la diferencia entre un jugador NBA respecto al hombre medio universal aún podía resultar difícilmente apreciable. En 2000 esa diferencia aumentó lo suficiente como para que muy pocos jugadores pasaran ya desapercibidos entre la población. En 2050 la diferencia será tal que hará posible observar la fauna NBA como una subespecie de genética muy superior al común de la vida humana. Más allá en el tiempo el planeta mismo habrá quedado pequeño para ellos.
Y todavía se cree que la altura de los aros será eterna.
Y todavía se cree que la altura de los aros será eterna.

4 Comments:
Puede influir el dopaje? o es demasiado ordinario preguntar?
Menuda fiebre te ha dado de repente con subir frases a la bitácora.
Siempre un placer volver a leerte.
Ya sé que no es del tema del blog, pero ¿por qué no has hecho comentario alguno al descenso del Eibar? ¿No te duele eso de no volver a escuchar hay gol en Ipurúa?
Saludos.
Azpitarte, caben en este proceso todos los influjos posibles. El deporte de alta competición conduce inevitablemente a una deshumanización del deportista que en último grado abraza la posibilidad del "dopaje genético". Lo que ha de venir asusta...
Carrie, dolor por el Eibar. Nada cambiará en Ipurua, la catedral mundial del cerocerismo. Pero más dolor aún por la chapuza de Ibaigane. Ahora Milikiz habla de hacer de Sarriugarte un "Klinsmann vasco". Terminaremos jugando en Ipurua...
En la NBA ya se han hecho prueba subiendo los aros.
Solo se consigue que los altos parezcan más altos.
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